“Nos adaptamos al cliente” suena bien… pero muchas veces significa que cada vendedor hace lo que quiere.
Y ahí empieza el problema.
Sin proceso comercial no hay control, no hay aprendizaje y, sobre todo, no hay crecimiento. Solo hay improvisación: cada uno vende a su manera, pone precios distintos, decide en caliente y justifica resultados con excusas.
La clave no es ser rígido, sino tener un marco claro: saber a quién vendes, cómo vendes y qué pasos sigues. A partir de ahí, sí, puedes adaptarte.
Porque la verdadera flexibilidad no es improvisar… es ajustar con criterio.
Y sin método, lo peor no es que salga mal.
Lo peor es que salga bien… y no sepas por qué
En el episodio de hoy, Sergi San José y Santiago Torre hablan sobre si ser flexible o improvisar es lo mismo.
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